MIS MAESTR@S

OSHO

Nunca nació – Nunca murió – Sólo visitó este planeta Tierra entre el 11 de diciembre de 1931 y el 19 de enero de 1990.

Con estas palabras literalmente inmortales, Osho  al mismo tiempo, dicta su epitafio y prescinde de su biografía. Tras haber eliminado su nombre del todo, finalmente está de acuerdo en aceptar “Osho”, explicando que la palabra se deriva de William James  “oceánico”. Inicialmente dijo: “Este no es mi nombre, es un sonido  curativo”.

Más tarde, también dio a “Osho” un significado, añadiendo: “Oceánico describe la experiencia, pero  ¿qué pasa con quien experimenta? Para eso usamos la palabra ´Osho´”.

Sus miles de horas de charlas improvisadas, dirigidas a personas de todo el mundo en un período de veinte años, están todas grabadas, a menudo en vídeos que se pueden escuchar en cualquier lugar por cualquier persona, en cuanto Osho dice “ese mismo silencio estará allí”.

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ASTIKO

Su búsqueda la lleva al tantra a los 18 años cuando estudiando filosofía y orientalística se encontró con un libro del místico Osho y dejó todo para estar cerca de ese maestro que le enseño a morir, y aún así a estar dichosamente viva disfrutando de la vida en todas sus expresiones.

Cuando lleguó al Gateless Gate (portal sin puerta) como se llamaba la entrada del Ashram de Osho en Poona, supo que había valido la pena dejar la universidad y haber desafiado la estructura de toda mi familia para llegar a ese lugar.

El concepto de búsqueda aquí en occidente estaba asociado a los caminos que propone la iglesia y todo lo demás era interpretado como una secta o escape. Fué una época difícil para ella y su familia.

En ese momento Osho había osado desenterrar el libro de los secretos para hacernos comprender la naturaleza humana y como esta se mueve en constante dualidad: hombre-mujer, sexo-muerte, luz-oscuridad, quietud del movimiento, etc.

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KETAN RAVENTÓS

KETAN RAVENTÓS

En 1990, en un remoto poblado africano, contemplando la vida de un campesino Dogón, conmovido ante una forma de vida tan distinta a la suya, le asalta una observación inquietante: «Este hombre que vive en una pobreza extrema es más feliz que yo. ¿Cómo es posible que teniéndolo todo me falte lo más importante…?» La siguiente reflexión es: «Si tengo más dinero, si adquiero más conocimientos, si conozco a una mujer atractiva, si logro más prestigio profesional… ¿seré más feliz?» La respuesta es «no». A partir de ese momento su proyecto de vida deja de tener sentido y se le abre un gran interrogante. Su mundo se desmorona, pero lejos de ser una calamidad se siente más libre que nunca.

Unos días después, en la inmensidad del desierto, le sucede algo indescriptible hermoso: durante unas horas se sumerje en la dimensión oceánica del Ser y la existencia se le revela como un misterio infinito. Después de esa experiencia, la atracción hacia ese misterio es tan fuerte que desencadena un cambio de vida radical. De regreso a España deja todo y se va a la India sin fecha de retorno.

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